Del auge y caída del MAS en Bolivia a los retos del proyecto político indígena y campesino en Guatemala
Nota de coyuntura No. 141 / por Juan Calles
El Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia gobierna aquel país desde 2006. Se erigió como un referente campesino con capacidad de gobernar, logrando éxitos sin precedentes en lo económico, en lo social y cultural. Sin embargo, el reciente fracaso electoral plantea lecciones cruciales para entender los límites y desafíos de los movimientos políticos indígenas y campesinos, en tanto que, en Guatemala, en un contexto de represión y exclusión, los movimientos políticos campesinos e indígenas resienten la caída del MAS.

Los liderazgos indígenas y campesinos guatemaltecos han tenido relación con el MAS y con su dirigencia desde que asumió el poder en Bolivia. Foto: diario El País.
El fracaso del MAS en Bolivia: fuerte golpe político y social
El “milagro boliviano” se transformó en pesadilla luego de los resultados electorales del domingo 17 de agosto de 2025, pues el MAS no solo perdió el control político del Estado, sino se lo entregó todo a la derecha, deseosa de desmantelar el proyecto económico, social y cultural instaurado por Evo Morales, con repercusiones importantes para la izquierda en Latinoamérica.
Desde su llegada al poder en 2006, Evo Morales y el MAS mantuvieron un dominio electoral indiscutible, ganando seis elecciones consecutivas y logrando avances importantes en áreas económicas, sociales y culturales que algunos calificaron como el “milagro boliviano”, pero, el partido y el gobierno se fracturaron internamente y la competencia por el liderazgo terminó por sepultar el proyecto político indígena y campesino.
Desde que en 2019 la oposición política de derecha, junto con los militares bolivianos, ejecutaron un golpe de Estado contra Evo Morales y lo acusaron de fraude electoral, las debilidades del MAS fueron evidentes e irreversibles. Los estragos del culto a la personalidad y el intento de perpetuación en el poder, ignorando límites constitucionales, iniciaron con el desplome del proyecto político indígena y campesino.
A pesar de ello, en 2020 el MAS logró ganar nuevamente la Presidencia de la República con Luis Arce a la cabeza, quien había fungido como Ministro de Economía en el gobierno de Morales, y que se vio ungido cuando fue el mismo Evo el que promovió su candidatura. Ya siendo gobernante, Arce profundizó la crisis del MAS al desconocer el liderazgo de Morales, y al apoyar las medidas que impedían una nueva candidatura de Evo, quien insistía en volver a gobernar. De esa cuenta, el MAS, dividido y enfrentado, lo perdió todo.

Evo Morales, antes de convertirse en presidente de Bolivia, fue dirigente campesino que lideró movimientos importantes en su país.
Foto: diario El País.
Álvaro García Linera, quien fue el Vicepresidente durante la Presidencia de Evo Morales, es contundente al afirmar en una entrevista al diario Clarín que, además de no saber entender la realidad de Bolivia, los líderes del MAS se desgastaron mutuamente en un enfrentamiento que provocó el fracaso electoral de agosto, pero, principalmente, la crisis económica que hoy sufre Bolivia hizo que todos los sectores busquen otra opción electoral.
Los resultados electorales del domingo 17 no permiten la duda. El MAS quedó fuera de la segunda vuelta electoral en la carrera por la Presidencia de la República, la cual se disputarán dos opciones de derecha el próximo 19 de octubre, con una alianza extraña, o ya común en Bolivia si se quiere, con la izquierda y ultra izquierda tradicional, la pérdida total de representación parlamentaria, y el aumento del voto nulo promovido por Evo Morales, un reflejo del rechazo popular que se ganó el MAS.
Según Carlos Figueroa Ibarra, profesor de la Universidad de Puebla, en Bolivia un consenso neoliberal dirigirá el país en los próximos años, la contienda electoral será entre los candidatos, Rodrigo Paz Pereira, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), y Jorge “Tuto” Quiroga, quienes entre sus propuestas para ganar el voto popular mencionan la eliminación de la república plurinacional, la agroindustria como el eje central de la economía boliviana, la legalización de los transgénicos, represión de la protesta social, privatización de las empresas estatales, apertura al capital transnacional, eliminación de subsidios a los combustibles, eliminación de la propiedad comunitaria de la tierra. Además de la amenaza latente de liberar a los encarcelados golpistas de derecha como Jeanine Añez y el exgobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho.
¿El fin del MAS?: su impacto en la fuerza política campesina e indígena guatemalteca
En Guatemala, la caída del MAS causa raspones y moretones en el movimiento político indígena y campesino. A pesar de contar con una base social importante, esos movimientos políticos de corte electoral sufren fragmentación y dispersión, falta de cohesión interna y dificultades para construir una plataforma política sólida y con arraigo en el votante guatemalteco. En síntesis: falta un proyecto político de peso al proyecto de la derecha guatemalteca en sus distintas expresiones.
Tras el triunfo electoral en 2023 del actual Presidente de la República, Bernardo Arévalo de León, el liderazgo indígena jugó un papel protagónico en la defensa del voto ciudadano que sectores de derecha intentaron denostar. Sin embargo, un año y medio después que la nueva administración gubernamental tomara posesión, el liderazgo indígena ha desaparecido de la discusión y el protagonismo nacional.
Por su parte, movimientos como el Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), luego que el Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), su brazo político, fuera excluido del proceso electoral en el 2023 y perdido su vigencia como partido político, se han visto en dificultades para conectar con las bases indígenas y campesinas, manteniendo un liderazgo que rechaza las alianzas estratégicas y mostrando un discurso político que no logra conectar con la realidad social del país.
El movimiento político campesino e indígena promueve una transición hacia una democracia participativa y cuestiona el modelo político representativo vigente, pero sus propuestas se perciben anacrónicas, sin debate político de fondo, y distantes de las necesidades y dinámicas comunitarias que son diversas y complejas. Sumado a ello, su acción política se ha visto limitada debido a la criminalización y judicialización contra los liderazgos políticos, sociales y comunitarios que dirige el Ministerio Público (MP), motivada por intereses de fracciones empresariales-corporativas y oligárquicas, así como de élites militares que controlan el sistema judicial, lo que limita gravemente su participación electoral y política.
Lo más grave de la situación es que, según CODECA, se reportan desde el 2018 el asesinato de 29 líderes y miembros de sus bases, como una respuesta violenta de los sectores que se oponen a la participación política electoral del movimiento campesino e indígena.
Es débil y está ausente la renovación de liderazgos y la formación de cuadros
Según estudios de sociología política, los liderazgos se consideran una expresión del poder que representa intereses y aspiraciones de grupos organizados, pero, al mismo tiempo, puede ser un mecanismo para la conservación y reproducción del poder en manos de unos pocos. Desde esta perspectiva, el liderazgo con fuerte apego al poder puede perpetuar estructuras clientelistas, patronazgo o control por medio de redes personales, lo que dificulta la generación de consensos amplios y alianzas estratégicas.

Los liderazgos de CODECA se han visto afectados por la violencia política, ya que registros de la organización indican que, al menos, 29 líderes han sido asesinados. Foto: redes sociales de CODECA.
De esa manera se ha observado que, en algunas importantes organizaciones indígenas y campesinas guatemaltecas, el control prolongado que los líderes ejercen sobre las organizaciones, consolidado durante varias décadas, constituye un factor determinante que limita la conformación de alianzas estratégicas con las diferentes expresiones políticas que coinciden en objetivos y agenda política/electoral. Este liderazgo, marcado por un fuerte apego al poder y al protagonismo personal, obstaculiza la construcción de consensos que podrían traducirse en un aumento significativo del respaldo electoral.
La persistencia de este tipo de liderazgo vertical y personalizado reproduce inequidades de poder que se vuelven obstáculos para el avance de agendas políticas más inclusivas y plurales. Además, el liderazgo tradicionalmente arraigado a niveles locales o regionales tiende a enfocarse en mantener su protagonismo dentro del círculo inmediato, sin impulsar procesos de renovación que puedan dialogar constructivamente con escenarios políticos más amplios, incluidos los movimientos electorales.
Estas condiciones internas y externas han impedido el desarrollo de un movimiento político con posibilidades reales de éxito electoral, manteniendo una postura relegada a la oposición y a la resistencia social sin acceso al poder real.
Por otra parte, los liderazgos indígenas que destacaron en el 2023 tras los intentos golpistas del MP, de partidos políticos de derecha y de actores vinculados a las fracciones empresariales más conservadoras que tienen presencia dentro de las cámaras corporativas, han sido atacados judicialmente al punto que, a la fecha, dos de sus liderazgos que fungían en ese momento como parte de la dirigencia de los 48 Cantones de Totonicapán: Luis Pacheco y Héctor Chaclán, se encuentran en prisión al ser acusados de terrorismo luego de ser parte del movimiento popular que evitó el llamado golpe de Estado contra el gobierno del partido Movimiento Semilla -hoy ya cancelado- encabezado por Bernardo Arévalo de León y Karin Herrera Aguilar.

Las organizaciones campesinas e indígenas fueron protagonistas en el 2023 al resguardar el proceso democrático luego de las elecciones generales. Foto: El Observador.
Estas organizaciones han desaparecido de la discusión nacional, las autoridades ancestrales indígenas han guardado silencio frente a las diferentes coyunturas políticas que enfrenta el país, lo que se lee como otro signo de debilidad en dichas organizaciones. Al mismo tiempo, el gobierno de Arévalo, junto al movimiento Semilla, que lo llevó a la silla presidencial, es calificado por su propio electorado como débil y dubitativo frente a la problemática nacional, lo que aprovecha la derecha para promover sus candidaturas de mano dura y liderazgos autoritarios.
¿Cuáles son las coincidencias entre el MAS y el movimiento político indígena/campesino guatemalteco?
Ambos movimientos políticos surgieron de su profunda relación con comunidades indígenas y campesinas que, en ambos países, han sido sectores históricamente marginados de todos los ámbitos sociales y económicos nacionales. Además, violentamente excluidos de las decisiones del Estado.
En ambos países hay demandas de respeto a los territorios, de protección a la naturaleza, la reivindicación cultural y étnica, además de la propuesta de transformar al Estado burgués y liberal, en uno Plurinacional que respete los derechos de todos los Pueblos Indígenas, constituyen coincidencias que son la base principal y el motor social que hace funcionar ambos movimientos.
En el caso de Bolivia, el MAS, dirigido por Evo Morales, logró ganar las elecciones y gobernar y transformar dicho país desde el ejercicio del poder político y la administración del Estado, pero, en el caso de Guatemala, el movimiento político indígena y campesino no ha logrado conseguir éxitos electorales.
Una coincidencia esencial está en la defensa del concepto de Estado Plurinacional como marco que reconoce y legitima la diversidad étnica, cultural y territorial de sus naciones. Evo Morales logró impulsar una nueva Constitución Política en Bolivia que estableció un Estado Plurinacional, un avance histórico en América Latina. En Guatemala, CODECA propone una Asamblea Constituyente Plurinacional y Popular para reconfigurar el Estado, devolviendo protagonismo y autonomía a los Pueblos Indígenas y campesinos; una propuesta que ha encontrado una férrea oposición y resistencia de los sectores conservadores que dirigen el país, en tanto que CODECA no ha encontrado la forma de romper esa oposición con votos y con participación política.
En ambos movimientos se busca la reafirmación cultural, el idioma, las prácticas tradicionales y la organización comunitaria dentro del marco de sus respectivas cosmovisiones.
Entre otras, estas coincidencias explican por qué esa suerte de catástrofe política que sufrió el MAS en Bolivia es un referente para los movimientos políticos campesinos e indígenas en Guatemala, ya que la naturaleza política y social del fracaso del MAS en Bolivia ofrece lecciones críticas para evitar repetir errores que puedan debilitar a los movimientos en Guatemala, especialmente en el actual contexto represivo y violento como el que se configura en el ambiente pre electoral ya en marcha.