Enfermedad renal crónica en Guatemala: una enfermedad con múltiples rostros
Nota de Coyuntura No. 227/ por Paola Cano
La Enfermedad Renal Crónica (ERC) es la 5ª enfermedad crónica reportada por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) en Guatemala. Las cifras han aumentado considerablemente en los últimos diez años, pues mientras que en el 2014 se reportaron 669 casos, para 2024 fueron detectados 10,680 casos y, a mayo del 2026 se atienden 64 pacientes por cada 100,000 habitantes. Múltiples son las causas de esta enfermedad asociadas con hábitos de salud y alimentación, así como con prácticas de sobrevivencia en algunos de los departamentos de la costa sur de Guatemala donde se concentran los ingenios azucareros.

Fuente de la imagen: El Observador, con ayuda de inteligencia artificial.
La historia detrás de los casos de ERC
Múltiples son los casos documentados sobre la creciente Enfermedad Renal Crónica (ERC) y sus impactos en los enfermos, sus familias, el sistema de salud y las precariedades en las que se debe sobrevivir.
Para esta nota se citan cuatro casos paradigmáticos de pacientes que retratan los impactos de la ERC, y no se mencionaran nombres para respetar la confidencialidad. El paciente 1 tiene 53 años. Durante más de dos décadas trabajó por temporadas en ingenios azucareros de Santa Rosa aplicando pesticidas. Hace nueve años comenzó con un intenso dolor en la parte baja de la espalda y una inflamación progresiva de las piernas. El diagnóstico fue devastador: ERC. Debido a la gravedad de su enfermedad, fue jubilado por el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) y desde entonces depende de terapia de diálisis para sobrevivir. (Yangenova, página 126) La enfermedad no era desconocida para su familia: una sobrina de 8 años también falleció por ERC.
Paciente 2: tiene apenas 24 años. Trabajó cuatro años cortando caña en fincas de Escuintla. Las jornadas iniciaban antes del amanecer y terminaban bajo temperaturas que frecuentemente superaban los 35 °C. Para soportar el cansancio y el calor consumía una bebida conocida entre muchos jornaleros como «la bomba»: una mezcla de refresco de cola, bebida energizante y analgésicos como ibuprofeno o diclofenaco. Hace pocas semanas comenzó a presentar inflamación en los pies. Sin acceso al IGSS, acudió al Hospital Regional de Cuilapa donde fue diagnosticado con ERC.
Paciente 3: 65 años, un maestro que tuvo diabetes tipo 2 por 20 años, diagnosticado y atendido en el IGSS donde en cada chequeo médico le dijeron que todo estaba bien, hasta que fue internado en el hospital de urgencias de esta institución donde se le diagnosticó ERC terminal y esto lo devastó, su familia le dio todo el cariño y apoyo emocional necesario, pero fue muy tarde; aparentemente, fue un control deficiente porque esto pudo diagnosticarse en sus inicios. Tuvo tratamiento de diálisis por 3 años.
La historia de la paciente 4 parece muy diferente. Vive en Ciudad de Guatemala, trabaja en una oficina y lleva una vida predominantemente sedentaria. El estrés laboral, el consumo frecuente de comida ultraprocesada y la dependencia diaria de bebidas gaseosas, formaban parte de su rutina. Tras varios meses de fatiga e hinchazón de manos y pies, fue diagnosticada con diabetes mellitus tipo 2 y ERC en un hospital privado.
Estas historias ejemplifican una realidad preocupante: la ERC en Guatemala no tiene una única causa; es una enfermedad compleja donde convergen factores biológicos, alimentarios, ambientales, laborales y sociales.
Cuando el trabajo también enferma
Investigaciones realizadas en Guatemala y otros países han demostrado que los trabajadores dedicados al corte de caña de azúcar, palma africana y otros cultivos intensivos, enfrentan condiciones laborales extremadamente demandantes: altas temperaturas, esfuerzo físico intenso, deshidratación repetitiva y, en algunos casos, exposición ocupacional a pesticidas, herbicidas y otros contaminantes ambientales.
Entre los compuestos señalados en diferentes estudios se encuentran herbicidas como 2,4-D, atrazina, pendimetalina y paraquat, además de otros contaminantes cuya exposición crónica continúa siendo objeto de investigación. (Yangenova 118- 130).
A esas condiciones se agregan prácticas de sobrevivencia adoptadas por algunos trabajadores para soportar las jornadas laborales, como uno de los casos documentados anteriormente. Estudios cualitativos en Guatemala establecen el consumo habitual de mezclas de refrescos de cola con bebidas energizantes, analgésicos como ibuprofeno, diclofenaco o tramadol, estimulantes con cafeína y altas dosis de vitaminas del complejo B, con la intención de disminuir el cansancio y continuar trabajando.
Lejos de proteger al organismo, estas prácticas pueden favorecer la deshidratación, aumentar la carga sobre los riñones y potenciar el riesgo de lesión renal cuando se combinan con calor extremo y esfuerzo físico prolongado.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicó un estudio donde se evaluaron las causas de ERC en pacientes pediátricos en fase 5, ingresados en la unidad de nefrología pediátrica de la Fundación para el niño enfermo renal (FUNDANIER), encontrando que los factores asociados son las prácticas agrícolas intensivas en el municipio de residencia y el nivel de escolaridad de la madre.
Investigadores de la Universidad de Colorado evaluaron trabajadores corte de caña de azúcar demostrando que, durante una sola semana de trabajo en zafra, la capacidad de filtración de los riñones disminuye de forma significativa en muchos de ellos. Paralelamente, aumentan los niveles sanguíneos de productos de desecho, evidenciando un deterioro temporal de la función renal.
Una enfermedad de múltiples causas
Tomando en cuenta las situaciones e investigaciones mencionadas, en Guatemala se presenta una combinación de factores que incrementan el riesgo de desarrollar daño renal:
- Diabetes mellitus tipo 2 no controlada.
- hipertensión arterial de larga evolución.
- Obesidad y síndrome metabólico.
- Alimentación rica en comida ultraprocesada con exceso de sodio, azúcares añadidos y grasas de baja calidad.
- Consumo frecuente de bebidas azucaradas y alcohol.
- Sedentarismo.
- Enfermedades autoinmunes.
- Predisposición genética;
- Uso prolongado de medicamentos nefrotóxicos, especialmente antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como ibuprofeno y diclofenaco.
- La interacción entre enfermedades del corazón, hígado y riñón, conocida como síndrome cardiorrenal y hepatorrenal, donde el deterioro de un órgano favorece el daño progresivo de los otros.
Una enfermedad que crece en Guatemala
La insuficiencia renal crónica se ha convertido en la 5ª enfermedad en Guatemala.
Según el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), durante el año 2024 se notificaron 10,680 casos, una cifra muy superior a los 669 casos registrados en 2014, lo que evidencia un incremento importante en la última década.
Como puede observarse en la siguiente gráfica, los departamentos con mayor número de casos reportados fueron: Santa Rosa con 2,502; San Marcos con 2,079; Petén, 1,320; Guatemala, 659; y Suchitepéquez, 619.
Casos de insuficiencia renal crónica (ERC) en Guatemala reportados por el MSPAS en 2024

Fuente: elaboración propia con información del SIGSA del MSPAS.
Por su parte, hasta mayo de 2026 la Unidad Nacional de Atención al Enfermo Renal Crónico (UNAERC) atendía 9,581 pacientes activos, equivalente a 64 pacientes en tratamiento porcada 100,000 habitantes. Su cobertura también se amplió a sedes en Escuintla y Retalhuleu por la cantidad de casos en este lugar.
Se estima, además, que más de 30,000 personas podrían vivir con ERC en Guatemala, muchas de ellas, sin haber recibido un diagnóstico.
Prevenir antes que dializar
La ERC es un desafío para el sistema de salud guatemalteco. Su prevención requiere actuar simultáneamente sobre distintos determinantes.
Por un lado, es indispensable fortalecer la prevención de enfermedades crónicas, la promoción de la actividad física y la reducción del consumo de comida ultraprocesada y bebidas azucaradas. En este contexto, la Iniciativa de Ley 5504 sobre Alimentación Saludable plantea herramientas como el etiquetado frontal de advertencia, acciones de educación nutricional y regulación de la publicidad dirigida a la población infantil, que son estrategias respaldadas por la evidencia internacional para facilitar decisiones de compra más saludables.
Por otro lado, también es necesario mejorar las condiciones laborales en actividades agrícolas garantizando hidratación adecuada, períodos de descanso, vigilancia de la exposición ocupacional a sustancias potencialmente tóxicas y acceso a salud ocupacional.
Cuando el daño renal se detecta a tiempo, el tratamiento médico y la terapia nutricional especializada pueden retrasar su progresión, mejorar la calidad de vida y, en muchos casos, evitar que una persona llegue a depender de diálisis para sobrevivir.
El 4 de diciembre de 2025, el MSPAS, con el acompañamiento de la OPS, presentó la estrategia «Salud Renal 2030» orientada a fortalecer los sistemas de información de esa cartera, ampliar el acceso al diagnóstico y tratamiento oportuno, y desarrollar intervenciones comunitarias para prevenir la enfermedad renal. Se deben evaluar sus resultados.
Además, se cuenta con el Decreto 5-2024, Ley para la Disposición y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células Humanas que permite la donación de órganos de personas vivas como donación cadavérica, por lo que en el 2025 se llevó a cabo el primer trasplante de riñón con donante vivo en el Hospital General San Juan de Dios.

