Hambre estacional en Guatemala: un ciclo previsible que exige prevención
Nota de coyuntura No. 249 / por Paola Cano
El hambre estacional en Guatemala no es un fenómeno inesperado, sino un ciclo recurrente que puede anticiparse mediante los sistemas de vigilancia alimentaria, climática y nutricional. En 2026, los informes oficiales advirtieron con anticipación sobre el incremento de la inseguridad alimentaria asociado a la sequía, la pérdida de cultivos y aumento de los precios en los combustibles. Hasta el 11 de septiembre se declaró alerta roja, por lo que resulta necesario cuestionar si fue oportuna, así como considerar lecciones para el siguiente año porque el hambre no espera.

Fuente: elaboración El Observador con asistencia de IA.
Septiembre: la alerta roja
El 11 de septiembre de 2026, la Vicepresidenta de la República, Karin Herrera Aguilar, convocó a la Primera Reunión Extraordinaria del Gabinete Específico de Desarrollo Social (GEDS) que, de acuerdo con una nota de prensa oficial, el objetivo es brindar seguimiento a los acuerdos establecidos en las últimas reuniones del GEDS y del Gabinete Específico de Desarrollo Económico (GABECO), así como conocer el “Plan de Acción – Respuesta a Emergencia por Sequía 2026”.
En esa reunión, Herrera Aguilar instruyó a la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED), declarar alerta roja en municipios de la Región Trifinio de Chiquimula y Jutiapa, todos en el llamado “Corredor Seco”. Paralelamente, la CONRED declaró alerta anaranjada a nivel nacional ante las condiciones de variabilidad climática, con énfasis en la inseguridad alimentaria, pérdida de cultivos y condiciones de temperatura y precipitación.
Durante la conferencia oficial La Ronda celebrada el 16 de septiembre, y como parte del Plan de Acción, el Presidente de la República, Bernardo Arévalo de León anunció, como primera acción, la liberación de:
“(…) cuatro contingentes de granos básicos con arancel cero para facilitar el ingreso de frijol, maíz amarillo y maíz blanco, garantizar el abastecimiento y prevenir la especulación”.

La pregunta más relevante es si la intensidad, oportunidad y cobertura de las acciones, serán suficientes frente a un riesgo que podía anticiparse que ocurriría, así como cuánto va a durar esta alerta si la inseguridad alimentaria, que se expone año con año, tiene causas estructurales.
El ciclo del hambre estacional
El hambre estacional en Guatemala es un proceso cíclico, predecible y recurrente, que afecta cada año a los hogares más vulnerables. La propia Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN) lo define como el deterioro predecible y recurrente de la situación alimentaria y nutricional de los hogares vulnerables, especialmente de pequeños agricultores del Corredor Seco, durante los meses de abril a agosto. Este período puede prolongarse cuando las sequías o las pérdidas de cultivos afectan la disponibilidad de alimentos.
El comportamiento del fenómeno es conocido: se agotan las reservas de maíz y frijol en los hogares, se pierden las cosechas por temas climáticos, se reducen las oportunidades de empleo agrícola porque no hay cosecha, aumentan los precios y las familias deben recurrir a comprar alimentos, y reducir la calidad de su alimentación, lo que aumenta el riesgo de desnutrición aguda en niñas y niños menores de cinco años.
El Decreto 32-2005, Ley del Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, creó el Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SINASAN) con el propósito de establecer un marco institucional estratégico para organizar y coordinar acciones, mediante planes concretos, orientadas a erradicar la desnutrición. Además, Guatemala cuenta desde hace años con instrumentos específicos para abordar el hambre estacional. Este año se tenía un plan activo desde marzo.
Un riesgo que ya había sido advertido
Los datos disponibles durante 2026 muestran que el deterioro de la seguridad alimentaria no apareció en septiembre. El análisis de Inseguridad Alimentaria Aguda de la Clasificación Integrada de Fases (CIF), mostró que 2.5 millones de personas se encontraban en fase 3 de inseguridad alimentaria en el período abril a junio, y se proyectó para el período julio-septiembre 3.2 millones de personas en Fase 3, aproximadamente 2.98 millones estarían en Crisis y 197 mil en Emergencia. Para octubre disminuiría a 2.5 millones de personas.
El propio análisis identificó como factores relevantes la sequía y las condiciones climáticas, el incremento de los precios de los alimentos, el aumento del precio de los combustibles y del endeudamiento de los hogares, el agotamiento de las reservas de granos básicos y las limitadas oportunidades de empleo temporal.
Cuando los datos comienzan a reflejar el deterioro nutricional
De acuerdo con el boletín epidemiológico del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) correspondiente a la semana epidemiológica 34 (al 29 de agosto de 2026) se habían reportado 14,885 casos de desnutrición aguda en niñas y niños menores de cinco años. La siguiente gráfica muestra un incremento alrededor de la semana epidemiológica 21 en el año 2025 y 2026, correspondiente al 30 de mayo. En 2026, se observan semanas en las que los casos superan los registrados en el año anterior, particularmente alrededor de las semanas 27, 31 y 32. Esto muestra una alerta tardía.
Gráfica 1

Fuente: gráfica de boletín epidemiológico, semana 34 del MSPAS en SIINSAN
La desnutrición aguda se refiere a la desnutrición actual con respecto a la estatura, relacionado con una ingesta insuficiente de alimentos y/o con enfermedades infecciosas. En sus formas más graves constituye una condición de alto riesgo para la vida y requiere identificación y tratamiento oportunos.
¿Dónde se concentra el mayor riesgo?
Las mayores tasas de desnutrición aguda en menores de cinco años se observan en Suchitepéquez, con 203.81 casos por cada 10,000 menores de cinco años; Retalhuleu, con 142.58; Sacatepéquez, con 142.14; Zacapa, con 140.31; y Escuintla, con 135.86.
En cuanto a los departamentos donde se encuentran municipios de la Región Trifinio incluidos en la alerta roja, Chiquimula presenta una tasa de 120.53 casos por cada 10,000 menores de cinco años, mientras que Jutiapa registra 76.65.
Gráfica 2
Tasas de desnutrición aguda en menores de 5 años con desnutrición aguda por cada 10 mil,
en cada Dirección departamental de redes integradas de servicios de salud

Fuente: elaboración propia, boletín epidemiológico semana 34 del MSPAS en SIINSAN
Estas cifras no significan que las medidas adoptadas para Chiquimula y Jutiapa sean innecesarias. Al contrario, la existencia de un riesgo justifica la intervención. Sin embargo, desde una perspectiva de salud pública, también resulta necesario observar los territorios que presentan tasas superiores y preguntarse si requieren igualmente una intensificación de las acciones. Ya en agosto se habían detectado 135 municipios afectados por la sequía.
La prevención debe comenzar antes de la crisis
En 2025, el propio sistema institucional reportó avances importantes en la implementación de los protocolos de hambre estacional. SESAN informó que el protocolo se aplicaba en 160 municipios de 20 departamentos y que incluía vigilancia agroclimática, asistencia alimentaria y acciones preventivas de salud, lo que demuestra que Guatemala posee experiencia institucional, mecanismos de coordinación y herramientas que pueden ser utilizadas para anticiparse al deterioro.
Prevenir significa utilizar la información disponible para actuar antes de que la familia tenga que reducir sus alimentos, antes de que se pierda la cosecha, antes de que aumente la desnutrición, antes que mueran niños y antes que la emergencia obligue a declarar una alerta. El hambre estacional no debería sorprender cada año.

